Política

¿Dónde están los hombres de Estado de la Transición?

¿Dónde están los hombres de Estado de la Transición?
Es lamentable escuchar a la mayoría de los parlamentarios nacionales en sus intervenciones en el Congreso, donde, salvo raras excepciones, predominan los gritos, insultos y faltas de respeto. Un grupo no pequeño de estos parlamentarios critica la Transición, de la que ha emanado nuestra democracia, liderada por Juan Carlos de Borbón, Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez. La lectura de varias publicaciones y un repaso a la Constitución de 1978, de la que conservamos un ejemplar firmado por los ponentes el 7 de octubre del 2003 en el Parador de Gredos, nos ha llevado a recordar que el pasado jueves 29 se cumplieron cuarenta y cinco años de la dimisión de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Hoy día, numerosos políticos ignoran u olvidan que, con la restauración de la monarquía y el trabajo de Hombres de Estado, España se convirtió en un país unido, reconciliado y apaciguado, pese al terrorismo de ETA y del Grapo. El trabajo de Suárez, González y Carrillo, así como de sus colaboradores, logró que España dejase de pensar en la guerra «incivil». Un grupo de responsables políticos, partiendo de un borrador redactado por Landelino Lavilla, ministro de Justicia, elaboró una Carta Magna para TODOS los españoles, con figuras como Cisneros Laborda, Fraga Iribarne, Herrero de Miñón, Peces Barba, Pérez Llorca, Roca Junyent y Solé Tura. En la sombra, como complemento, estuvieron Fernando Abril Martorel y Alfonso Guerra. El sentido de Estado y el restablecimiento de la democracia trajo consigo un nuevo estilo de gobernar, dando prevalencia a los acuerdos para resolver divergencias. Aquellos Hombres de Estado tuvieron enfrentamientos, pero habían leído a Pedro Laín, quien escribió sobre la propensión a eliminar al adversario. Estos personajes formaron parte de una generación que vivió momentos decisivos de nuestra transición y mostraron una gran capacidad para superarlos. Fueron capaces de establecer el diálogo como arma fundamental para negociar, sabiendo escuchar y estableciendo un ambiente propicio para la confianza. Y todo ese buen hacer se trasladaba a la ciudadanía con palabras llanas y compromisos políticos claros. Tenían un sentido de responsabilidad y eran conscientes de la importancia de la tarea histórica que les tocó realizar, mostrando sensibilidad hacia los problemas de los nacionalismos políticos. Lamentablemente, ya son pocos los responsables políticos que tienen aquella formación y altura de mira política. Algunos han vuelto a recordar e intentar restablecer los enfrentamientos de la última «guerra incivil» con el único objetivo de un uso y aprovechamiento personal.