Sucesos
Tragedia en Ólvega: El fatídico viaje del 28 de julio de 1904

El 28 de julio de 1904, una tragedia golpeó Ólvega cuando el estruendo de «la Ólvega» resonó en el Moncayo. Ese día, mientras se escribía este artículo, tuvo lugar la tragedia de Adamuz, en la que fallecieron decenas de personas. Este relato está dedicado a ellas, a sus familias y a quienes fueron luz en la oscuridad de aquel accidente. Su entrega fue la misma que demostraron tantos olvegueños aquel 28 de julio de 1904. El sol de julio caía sobre el Moncayo, pero en el último vagón del tren minero reinaba la alegría. Esposas e hijas de obreros de la Mina Petra III regresaban a Ólvega tras llevar el almuerzo. Viajaban sentadas en el suelo del vagón, ajenas al peligro, compartiendo confidencias y risas. Para ellas, el viaje era una travesura y el tren, un carruaje que les ahorraba la caminata. La locomotora Baldwin Consolidation nº 21, conocida como «la Ólvega», arrastraba 200 toneladas de mineral. En el descenso, la máquina aceleró al doblar la curva hacia la ermita de la Virgen de Olmacedo. Un estruendo sacudió el lugar. La locomotora se salió de los raíles y los vagones se amontonaron. El mineral se derramó y un silencio espeso se apoderó del lugar. Los últimos vagones quedaron milagrosamente en pie. La mina Petra, una explotación belga en la Almagrera, prometía redención a finales del siglo XIX. En La Almagrera, la Mina Petra III se extendía con ocho pertenencias mineras. La operación se cerró el 11 de diciembre de 1899 ante el notario de Soria Felipe Villanueva y Peña. André Lescanne Pardeux, en nombre de la Sociedad Minera de Moncayo, actuaba como apoderado. Detrás de la sociedad se encontraban Édouard Otlet y la Société Anonyme L’Entreprise. El objetivo era extraer hierro de alta pureza y transportarlo a los circuitos ferroviarios del norte de España y Europa. Para ello, se construyó un ferrocarril minero que enlazaba La Almagrera con la estación de Castejón de Ebro. Ochocientos obreros trabajaron en la obra. Pero cuando restaban diecisiete kilómetros, André Lescanne enfermó y los problemas se encadenaron. La Sociedad Minera de Moncayo entró en suspensión de pagos. Para salvar la explotación, las minas fueron arrendadas al abogado Julio Seguí. El accidente se produjo a las dos de la tarde del 28 de julio de 1904, cerca de Ólvega. El Avisador Numantino informó del accidente el 31 de julio, reproduciendo los mensajes oficiales. Desde Ágreda, el alcalde de Ólvega comunicó el descarrilamiento y los heridos. Los telegramas se sucedieron. Los heridos fueron hallados cuidados por obreros y mujeres que regresaban de llevar la comida. Las mujeres corrieron a buscar auxilio y atendieron a los heridos. Los heridos fueron trasladados al Ayuntamiento de Ólvega, convertido en hospital. Los vecinos ofrecieron ayuda. El guardafrenos Carlos Rández falleció, seguido por el maquinista Antonio Cervelló Pérez y el fogonero Ángel del Río Victoria. El pueblo respondió con tiempo, cuidado y solidaridad. Aquel ferrocarril sería recordado como el «tren de la muerte». La Ólvega 21, tras el desastre, fue reparada en los talleres de Santo Domingo. En 1953, volvió a rugir sobre los raíles de la vía Minera Vasco-Asturiana. A finales de los años sesenta, sus viajes cesaron.
